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Al concluir con el libro Un Ãnico Dios -en agosto de 2011- volvà sobre el relato de la Creación del Génesis y me aboqué a resolverlo.
Era claro para mà que el Génesis era un relato real, eran hechos que podÃan haber ocurrido pero que estaban de alguna manera enmascarados.
¿Cuál era la clave?, ¿cuál era la piedra roseta que me permitirÃa interpretar la narración?
La clave -descubrÃ-, era que el relato, el texto, era una narración de alguien que contaba lo que veÃa. Esa era la clave, ese era el tablero -por decirlo asÃ- sobre el que habÃa que montar las piezas de este rompecabezas.
En el texto de la Creación existÃa un observador, un narrador. No eran sólo versos, no, estaba claro que era un relato. El relato de un observador.
Al introducir esta variable -el observador-narrador-, todo cobró sentido. A partir de allà lo demás fue simplemente buscar las preguntas correctas: ¿fue una visión o una revelación?, ¿o ambas?, ¿qué tiempo le llevó la visión?, ¿quién era?, ¿dónde vivÃa?, ¿cuál era su ubicación?
La ubicación, la ubicación era determinante.
El observador y su ubicación eran las piezas fundamentales para comprender el relato de la Creación.
Este libro describe el camino que debà realizar desde La Biblia hacia la ciencia en un ida y vuelta permanente hasta lograr desentrañar el misterio.
Los animo a que me acompañen en mi descubrimiento.
Tomemos una taza de café, busquemos un sillón cómodo, y dejemos de lado por un momento los preconceptos.
Abramos nuestra mente y observemos que misterios han estado ocultos detrás de los versos del Génesis por más de tres mil años.
La versión que he utilizado para esta comparación es La Biblia de Jerusalén.
La Biblia de Jerusalén (Bible de Jérusalem) es una versión de la Biblia publicada en fascÃculos entre los años 1948 y 1953 que luego la Escuela bÃblica y arqueológica francesa de Jerusalén publicó fruto de la traducción de los manuscritos griego y hebreo, al francés. Posteriormente fue traducida a otras lenguas vernáculas, y finalizada integralmente a la lengua española. El criterio de su traducción fue la comparación con los textos originales en hebraico-aramaico y griego.
Chapter 2
1
LA BIBLIA, EL GÃNESIS,
LA CREACIÃN
¿Siete dÃas?
Quién no se ha preguntado: ¿siete dÃas? SÃ, ¿quién no? -además de mirarnos de reojo, con una media sonrisa maliciosa.
Ciertamente, es asÃ, cada vez menos personas pueden creer que Dios haya creado los cielos y la tierra en siete dÃas.
¿Y los dinosaurios? Bueno, para el momento en que surge esa pregunta (meramente retórica, por supuesto) ya nos encontramos enzarzados en una discusión que posiblemente avergüence hasta al barra brava más pintado.
Por lo general hablar del Génesis nos lleva, indefectiblemente, a una división irreconciliable entre ciencia y religión. Al parecer, una invalida la otra. Si el Génesis dice siete dÃas, y la ciencia ha probado que fueron seis mil millones de años, todo apunta a que algo está mal, obviamenteâ¦, en La Biblia.
Es difÃcil que podamos afirmar que el análisis de la ciencia esté mal, más allá de -posiblemente- cien millones de años más, o cien millones de años menos. Por lo que -siguiendo esta lógica-, tomaremos de base para realizar este análisis lo que la ciencia sostiene que fueron los primeros momentos del sistema solar y de nuestro planeta, la Tierra, en función de los actuales descubrimientos.
Bien, si el Sistema Solar y la Tierra llevan más de seis mil millones de años desde que eran apenas una nube de polvo y gas estelar flotando a la deriva en nuestra bella galaxia⦠¿cómo es que llegamos a esos siete dÃas? Claro, ya sé, no me lo digan: pura supercherÃa, mitos, cuentos antiguos de mitologÃas varias. Bien, no los culpo, asà pensaba yo hasta que leyéndole la Biblia a mi hijo menor descubrà que en los textos del Génesis algo andaba mal, ¿o bienâ¦?
Algo en los textos sagrados llamó mi atención y por un momento me detuve a observarlos y pensé: ¿y si el Génesis tuviese sentido?, ¿qué pasarÃa si la narración coincidiera con la explicación cientÃfica?, ¿qué pasarÃa si el texto del Génesis fuese la visión de alguien que ha visto la creación del Sistema Solar como en una pelÃcula? Y recordé, cuántos descubrimientos se han iniciado con esa simple frase: â¿Y siâ¦?â.
Y sÃ, intentemos enfocar el tema desde esa perspectiva, ¿total?... ¿qué podrÃamos perder?...
Por supuesto, debo aclarar en este punto que yo creo en Dios. Creo que Dios ha creado todo. Soy, lo que se llama, un creyente.
Filosóficamente me inclino más hacia el lado hinduista-budista, que hacia el católico-judÃo-musulmán, pero como el Dios es el mismo en ambos casos, no veo conflicto en leer los libros sagrados de ambas religiones, y analizar lo que Dios le ha dicho a los hombres, sean estos de la Mesopotamia, o del valle del Indo.
Bien, vayamos entonces, a ver, que nos ha dicho Dios.
Chapter 3
2
MILES DE MILLONES
Primero, reflexionemos sobre los ânunca bien ponderadosâ siete dÃas.
Por supuesto, los siete dÃas bÃblicos debÃan tener algún tipo de explicación -pensé-, y me aboqué a resolverlo.
Lo primero que se me ocurrió fue que si Dios era infinito, posiblemente, un dÃa de Dios podrÃa durar mil millones de años, por lo que siete dÃas de Dios bien podrÃan ser seis mil millones de años. Ustedes dirán ¿por qué seis mil millones de años? Bueno, porque actualmente se calcula, que desde la nebulosa original al presente han transcurrido seis mil millones de años, y cuatro mil seiscientos millones de años desde la consolidación de la Tierra.
Aunque Occidente no ha manejado cifras importantes -y al decir cifras importantes me refiero a guarismos tan grandes como de miles de millones de años- en sus mitologÃas, puede ser interesante observar que en India -para la época en que se escribió el Génesis- ya estaban acostumbrados a pensar números de esa magnitud.
Por ejemplo: según las escrituras védicas [4], los cuatro yugás (eras) forman un ciclo de 4.320.000 años (un Majá-yugá, o âgran eraâ), que se repite una y otra vez. La primera es la Satyá-yugá o âera de la verdadâ de 1.728.000 años de duración. En la que el promedio de vida de una persona era de 100.000 años. Es la Era de Oro, según otra clasificación.
Luego, adviene la Duapára-yugá o âsegunda eraâ que abarca unos 1.296.000 años. Con un promedio de vida de 10.000 años; también denominada Era de Plata.