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En el sur, Mussolini tampoco perdía el tiempo. Proyectaba su sombra más allá de las fronteras de Italia y en abril de 1939 invadió el reino de Albania, al sur de los Balcanes. Para los italianos, fue una breve y exitosa campaña militar de solo unos cinco días, que produjo bajas mínimas en ambos bandos. El rey de Albania, Zog I, se vio obligado a exiliarse en Grecia y así Albania se incorporó al Imperio Italiano en rápida expansión. Las causas subyacentes de esta invasión eran puramente estratégicas: Italia llevaba mucho tiempo haciendo reclamaciones sobre esta parte de Europa, ya que la posición naval de los puertos de Albania le daría a Italia el control perfecto de la entrada al mar Adriático, expandiendo su influencia en el Mediterráneo. Y mientras Reino Unido y Francia ofrecían una garantía de apoyo a las naciones de Europa Oriental en apuros, como Polonia, Rumanía y Grecia, Italia y Alemania creaban una alianza formal, conocida como el Pacto de Acero.
La situación se intensificó pronto cuando Hitler continuó con sus desvergonzadas políticas, acusando a británicos y polacos de tratar de rodear a Alemania, algo insinuado por su acuerdo recientemente confirmado. Renunció de inmediato al existente Pacto de No Agresión Germano-Polaco y cada vez resultaba más evidente que su próximo objetivo era Polonia. A finales de agosto de 1939, las tropas alemanas empezaron a agruparse en las fronteras con Polonia, mientras la tensión llegaba a su máximo histórico. Hitler aprovechó una oportunidad para aumentar la esfera de influencia alemana en Europa y firmó un pacto de no agresión con la Unión Soviética. Firmado el 23 de agosto de 1939, se lo conoció como el Pacto Molotov-Ribbentrop y fue de hecho un protocolo secreto que dividía las regiones orientales de Europa entre estos dos gigantes. Hitler eligió para su esfera de influencia las regiones que fueron previamente el objetivo de su Lebensraum, su «espacio vital». Eran Polonia occidental y Lituania. Por el otro bando, la esfera de influencia de Stalin incluía Polonia oriental, Letonia, Estonia, Finlandia y la región de Besarabia. En cierto modo, este pacto fue un movimiento astuto de Hitler y le garantizaba que Alemania no tendría que sufrir una guerra en dos frentes, al menos en sus etapas iniciales.