Федерико Моччиа - Carolina se enamora стр 5.

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 «Oh, mar negro, oh, mar negro, oh, mar ne Tú eras claro y transparente como yo»

Lo sabía, lo sabía. Es la misma que cantó hace un año. ¡Y también el año anterior! ¡La verdad es que, con todo el dinero que tiene, en lugar de comprarse una bicicleta nueva se podría pagar algunas lecciones de guitarra!

Me acerco a Lore y se lo digo al oído:

 Creo que sólo sabe ésa

Él se echa a reír.

 Ven.

Me coge de la mano y tira de mí y casi nos caemos al fuego y nos quemamos y saltamos con las dos piernas y nos reímos y nos alejamos corriendo hacia la oscuridad de la noche, con la respiración entrecortada a causa de la carrera, y me arrastra tras él y nos hundimos en la arena fría. Apenas puedo seguir sus pasos.

 ¡Eh, ya no puedo más!

Y, de repente, se detiene delante de una barca con una vela grande que está apoyada allí, en unos caballetes, con la proa de cara al mar. Casi parece estar lista para adentrarse en el agua, hacia la oscuridad de un horizonte desconocido. Pero no es así.

Lorenzo se apoya en el casco. Me acerco a él jadeando.

 Por fin Ya no aguantaba más.

E inesperadamente me atrae hacia sí. Y me da un beso que me envuelve, que casi me rapta, me aspira, me succiona Bueno, no sé cómo explicarme Todavía no tengo tanta práctica. Pero, en fin, que se apodera de mí y me deja sin aliento, sin fuerzas y sin pensamientos. Y os juro que la cabeza comienza a darme vueltas, y entonces abro los ojos y veo las estrellas. Y por un instante veo pasar una luz por encimay me gustaría decir ahí está, mi estrella fugaz, y querría expresar mil deseos, pese a que al final sólo tengo uno: él. Ha llegado el momento y no tengo necesidad de pedir nada. Mi deseo ya se ha cumplido. Soy feliz. Feliz, ¡Soy feliz! Y me encantaría poder gritárselo a todo el mundo. Pero, en cambio, permanezco en silencio y sigo besándolo. Y me pierdo en ese beso. Lore, Lore Pero ¿es esto el amor? ¡Y sabemos a sal, a mar y a amor! Bah, sí, quizá sea eso. Y nuestros labios son muy suaves, como cuando luchas sobre uno de esos botes neumáticos y resbalas, pierdes el equilibrio y te ríes y caes al agua. Y entonces tragas un poco, te ríes y reemprendes la lucha. Sólo que la nuestra no es una lucha. ¡No! Los nuestros son besos dulces, primero lentos y después repentinamente veloces que se mezclan con el viento de la noche, con el ruido de las olas y el sabor a mar. Y yo respiro profundamente. Y casi lo susurro entre dientes.

 Por fin

Lore aguza el oído y también él suspira entre dientes.

 ¿Por fin qué?

 Por fin has vuelto a besarme.

 Eh -Me sonríe en la penumbra-. No sabía que te había gustado.

Esta vez la que sonríe soy yo, y no sé qué más decir. ¡Claro que me gustó! Me gustó un montón. Quizá en ciertos casos es mejor no decir nada para no parecer banales, de modo que sigo besándolo tranquila. Como cuando una está relajada, ¿sabéis? Y me gusta porque siento que me acaricia lentamente en la mejilla, luego introduce su mano en mi pelo y yo apoyo mi cabeza en ella ¿Sabéis ese tipo de cosas que se ven en ciertas películas y que te gustan a rabiar? E incluso se oye una música a lo lejos como la de Corrado, que siempre es la misma, una música más fuerte que la de cualquier discoteca. No me lo puedo creer. Han elegido para nosotros una canción de Liga,Quiero querer. Y todo esto me gusta un montón y me abandono aún más. «Quiero encontrarte siempre aquí cada vez que lo necesite. Quiero querer todo y quiero lograr no crecer. Quiero llevarte a un sitio que no puedes conocer.» Esas palabras parecen perfectas Cierro los ojos y canto para mis adentros mientras lo beso tranquila, serena, segura, pero, de repente, oigo algo. Un movimiento extraño. Dios mío, ¿qué será? No, quizá me haya confundido. ¡De eso nada! ¡Es mi cinturón! ¡Sí! ¡Socorro! Ha metido la otra mano en mi cinturón. ¿Mi cinturón? Sí, me lo está desabrochando. Y ahora ¿qué hago? Menos mal que lo resuelve todo él.

 ¿Puedo? -me pregunta esbozando una sonrisa.

¿Y qué le dices en un momento similar? «Claro, por favor» ¿Claro, por favor? ¡De eso nada! O: «Sí, sí, aprovéchate» ¿Aprovéchate? No, ¡no puedo decirle eso! Es decir, un poco me lo imagino Pero no sé muy bien lo que de verdad está sucediendo. Al final asiento a medias con un gesto de la cabeza. Y Lore no se hace de rogar. Acelera de repente y parece que le entra un hambre repentina y respira cada vez más de prisa, de modo que casi empieza a preocuparme. Jadea, se agita, lucha con mi cinturón. Y al final gana la batalla e introduce la mano en mis vaqueros. Pero aquí frena de improviso, lo siento y. por suerte, su mano está caliente y se desliza por el borde de las bragas. Lore me da un beso más largo, como si tratase de tranquilizarme y, después, sin preámbulos, mete del todo la mano.

Interrumpo mi relato. Bebo un poco de tisana. Bebo lentamente mientras las miro.

 ¿Y entonces? -Clod está nerviosísima.

También Alis parece inusualmente atenta. -Sí, sí, ¿y luego?

Clod me sacude los hombros con las manos hasta el punto de que casi me hace derramar la tisana.

 ¡Venga! ¡Adelante! ¡Sigue!

Y come sin cesar todos los trocitos posibles de chocolate que encuentra en el plato, unas briznas minúsculas que levanta apoyando sobre ellas sus dedos regordetes antes de llevárselas a la boca. Le sonrío.

 Y después me tocó ahí.

 ¿Ahí ahí? -pregunta Clod abriendo asombrada los ojos, estupefacta. Apenas puede creer lo que acaba de oír.

¡La verdad es que, a veces, es absurda!

Alis ha recuperado su autocontrol y da sorbos a su granizado con parsimonia, como si nada, como si todas las mañanas escuchase un sinfín de cosas parecidas. A continuación coloca el vaso en el platito con la mayor delicadeza. Luego me mira a los ojos.

 ¿Y te gustó?

Clod la secunda al instante:

 Eh, sí, sí ¿Te gustó?

 Bah, no lo sé Me hizo un poco de

 ¿Un poco?

 Un poco

 ¿De daño?

 ¡No, de eso nada! Fue muy dulce.

 ¡En ese caso, te hizo sentir bien!

Alice y su sentido práctico: ¡si no está mal, está bien!

 No, me hizo

 ¿Te hizo?

 Cosquillas.

 ¿Cosquillas?

 Sí, cosquillas, quiero decir que me entraron ganas de echarme a reír. ¡Claro que no me eché a reír en su cara mientras me tocaba! No obstante, dentro de mí apenas podía contenerme. No sabéis cómo estaba

Alis cabecea.

 Oye, pero ¿dónde te tocaba?

 Ya te lo he dicho.

 Sí, lo sé, pero ¿por encima?

 ¿Qué quieres decir?

La miro interesada.

 Ahora te lo explico. Perdone -Alis llama a la camarera-. ¿Me puede traer un papel y un bolígrafo?

 Sí.

La camarera resopla. Como si no fuese su trabajo. Y por descontado, no lo es. En cualquier caso, le pagan. También para ser amable, ¿no? Mientras la esperamos, Alis da un nuevo sorbo a su granizado. Acto seguido nos sonríe segura de sí misma.

 Ahora os lo enseño. En cualquier caso, está más claro que el agua: es evidente que para Lore era también la primera vez.

 ¡Yo no se lo pregunte!

Alis se arremanga.

 Calma, calma, ahora os lo explico

Justo en ese momento llegan a la mesa un papel y un bolígrafo.

 Aquí tenéis Luego devolvedme el boli.

La camarera se aleja sacudiendo la cabeza. ¡Qué tía, no me lo puedo creer! ¡Pero si nos ha traído una especie de Bic! Sea como sea, Alis ha empezado su explicación.

 Bueno, supongo que sabéis que Laura, mi hermana mayor, es médico, ¿no? Se ha licenciado en medicina.

 ¿Y eso qué tiene que ver?

 ¡Pues que me lo ha explicado todo! Cómo se siente placer y no cosquillas, por ejemplo

Y hace un extraño dibujo, una especie de óvalo. Cuando por fin entiendo a qué se refiere, me quedo patidifusa.

 Alis, ¿de verdad quieres darnos una lección sobre sexo aquí?

 Claro, ¿por qué no? El sitio es lo de menos

 Vale, como quieras.

 Vamos, prosigue. -Pero después me viene a la mente otra cosa-. Pero tu hermana ¿no es ortopedista?

 Sí, ¿y eso qué tiene que ver?

 ¿Cómo que qué tiene que ver? Pues que te habrá explicado lo que se hace cuando uno se rompe un brazo o una pierna. ¡Pero yo todavía no me he roto nada en esa parte!

 ¡Mira que eres imbécil!

 Hola, chicas, ¿qué hacéis?

Rosanna Celibassi. La madre más esnob, ¿qué digo esnob?, más superesnob de todo el Farnesina. Se planta delante de nosotras y nos escruta curiosa como siempre. No tiene remedio, es igual que su hija, Michela Celibassi. Son idénticas. La hija siempre quiere saberlo todo de todos, se informa, hasta nos coge las agendas para saber lo que hacemos. Yo, por suerte, conservo todas las informaciones, los pensamientos, las reflexiones, las decisiones y, sobre todo, los noviazgos, en caso de que suceda algo, en mi móvil. Mi fantástico Nokia 6500 Slide. Lo adoro. Yo lo llamo Noki-Toki. Pero ésa es otra historia, un poco más triste o quizá más bonita, no lo sé; sólo sé que hoy no tengo ganas de hablar de eso. ¡En parte porque ahora nos enfrentamos al problema Celibassi!

 Oh, hola, señora, nada Estábamos tomando un granizado -Alis dobla a toda velocidad el papel y lo esconde dentro de su agenda Comix-. Charlando

 ¿Recuerdas lo de mañana por la noche, Alis?

 Por supuesto, señora.

 A las nueve. Voy ahora mismo a encargarlo todo -La señora Celibassi vuelve a meter su elegante cartera en el bolso-. A Michela le gustará, ¿verdad? Ella también me ha hablado de ese sitio, dice que hacen las tartas de sabayón y chocolate más ricas de Roma. ¿Sabes si le gusta algo más en especial? Desearía que se sintiese lo más feliz posible

Alis sonríe y ladea un poco la cabeza.

 No, con eso será suficiente, no se me ocurre nada más.

 Bien, en ese caso nos vemos mañana.

La señora Celibassi se aleja emitiendo un ruido de colgantes, cadenas, pulseras y varios objetos de oro que se balancean por todas partes. Si alguien la desnudase, podría pasar con eso dos semanas en las Maldivas, una vez superado el susto inicial. Clod espera a que se haya marchado.

 Eh, no nos habías dicho nada.

Alis parece algo avergonzada. -¿De qué?

 Sí, ahora finge que no me entiendes.

 ¿Michela celebra una fiesta mañana por la noche?

 Es que no quería que os sentara mal.

Clod se encoge de hombros.

 Ya ves, no habría ido de todos modos Os aburriréis.

Alis asiente con la cabeza. Clod la mira fijamente.

 ¿Sabes a quién ha invitado?

 Ni idea. -Alis se encoge de hombros-. No lo sé. A varios de la clase

 Pero ¿irán también Marchetti, Pollini, Faraoni y todos ésos?

Clod se ha puesto nerviosa. «Todos ésos» son los Ratas. ¿Creéis que un grupo de chicos más o menos imbéciles puede tener como apodo los Ratas? Bueno, la verdad es que van a otra clase, la D. Sólo arman bulla y son unos idiotas. Aunque he de reconocer que a veces me hacen reír mucho. Fueron a la fiesta de Bezzi, de Arianna, esa que se cree casi más que Celibassi, y uno de ellos, todavía no se sabe quién fue (aunque yo abrigo alguna que otra sospecha), hizo una cagada increíble. Pero no una cagada en sentido figurado, sino una cagada de verdad, que después metió en la lavadora, que estaba llena de ropa blanca: camisas, camisetas y jerséis de toda la familia. Luego la puso a centrifugar a todo meter. Supongo que os imaginaréis la especie de batido que salió de ahí. Los Ratas han gastado también otras bromas muy divertidas que ahora no recuerdo. Y, de todas formas, el que me lo contaba siempre todo era Matt. Matt, nombre verdadero Matteo, más bien rechoncho pero mono de cara, el pelo largo y castaño claro, un poco más oscuro que el mío. Iba hecho un guaperas, tenía siempre las camisetas y los pantalones justos o, al menos, era así cuando dejamos de vernos el verano pasado. No lo he vuelto a ver, Él fue quien me dijo que se apodaban los Ratas. Yo le pregunté de dónde venía el nombre, pero no quiso darme muchos detalles.

 Quizá te lo cuente algún día-

Fue más bien vago, daba la impresión de que me ocultaba algo, pero, aun así, yo me hice una ligera idea sobre el apodo, aunque temo que sea una supermacarrada. Por otra parte, si esos Ratas no dicen guarradas, no se divierten.

En cualquier caso, la historia de la fiesta de Celibassi se me ha quedado atravesada. Alis se apresura a coger la cuenta.

 Pago yo.

Casi me la arranca de las manos cuando llega la camarera. Tengo la impresión de que se siente culpable. ¡Aunque la verdad es que es ella la que paga siempre!

Clod se ha comido un último trozo de chocolate tras robarlo de mi platito y, al final, hemos salido. Nos tambaleábamos un poco al caminar, como esas amigas que comparten cierta amargura. En fin que, pensándolo bien, quizá Clod tiene razón: Alis debería habérnoslo dicho.

 Adiós, adiós Nos vemos

Y me doy cuenta en seguida de que algo no va bien, no tengo ganas de decir mi consabido adióóóós. De manera que me marcho. Alis sube a su microcoche. Clod la saluda y sube al suyo. Yo me hago la sueca y me alejo caminando, pero apenas doblo la esquina llamo en seguida a Clod. ¡No! ¡Joder, sólo me faltaba esto! Se me ha acabado el saldo. Ojalá me llame ella. Un segundo después recibo un mensaje: «¿Qué pasa?»

Me gustaría poder contestarle, pero no tengo saldo. Uf, siempre me sucede lo mismo en las situaciones más difíciles. Bueno, no pasa nada. Esperemos que Clod lo entienda. Pasado otro segundo, me suena el móvil. Es ella. Le contesto.

 Me apuesto lo que quieras a que no tienes saldo.

 ¡Qué ojo tienes! ¿Y bien?

 ¿Y bien, qué?

 Vaya cosa fea lo de Alis, ¿eh?

 Horrenda.

Se queda unos instantes en silencio, a saber lo que estará pensando. A fin de cuentas, paga ella. Después, como si por fin hubiese dado con lo que quiere decir, añade:

 Tal vez no deberíamos verla más, ¿no?

 No sé, me parece un poco excesivo

Otro silencio.

 Sí, tienes razón. ¿Quieres que te lleve?

 No; prefiero dar un paseo, quiero relajarme, esa historia me ha puesto nerviosa.

 Deberíamos darle a entender que tendría que haber rechazado la invitación por solidaridad.

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