Федерико Моччиа - Carolina se enamora стр 2.

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Pero quiero contaros mejor lo que me ha sucedido a lo largo de este año escolar y de vida para que entendáis que mi decisión de hoyes fruto de una larga y ardua reflexión, que hace que ahora me sienta segura, serena y, sobre todo, enamorada. ¡Qué raro! Consigo pronunciar esa palabra. Antes no era capaz. Pero, como dice Rusty James, todo requiere su tiempo, y para pronunciar esa palabra he necesitado tres largos meses. Para decidirme a hacer el amor, casi un año. No obstante, quiero contaros con más detalle cuál ha sido mi trayectoria. En pocas palabras, da la impresión de que la vida te pasa por delante como en una película. ¡Como si se tratase de una serie de momentos, de situaciones, de fases, de cambios que te llevan inevitablemente a hacer el amor! Dicen que, por lo general, cuando ves pasar la vida por delante es porque te estás muriendo. Y yo me estoy muriendo ¡pero de ganas de estar con él! Y dado que son Miro el reloj, ¡un precioso IVC de esos transparentes con abalorios que me regaló precisamente él! Son las nuevey diez, tengo tiempo de sobra para hacer un repaso del año pasado.

Septiembre

Cinco buenos propósitos para este mes:

 Adelgazar dos kilos.

 Comprar unas bailarinas negras con un lazo.

 Conseguir que me regalen un bono de 500 sms.

 Ir con Alis y Clod a ver el concierto de Finley.

 ComprarMil soles espléndidos de Khaled Hosseini, dicen que es bonito.

Nombre. Carolina, alias Caro.

Cumpleaños: 3 de febrero.

¿Dónde vives? En Roma.

¿Dónde te gustaría vivir? En Nueva York, Londres o París.

¿Dónde no querrías vivir? En casa cuando mi padre grita.

Número de zapatos: ¡Menos de los que querría! ¿O te referías al número de pie?

Gafas: Grandes, de sol

Pendientes: Dos, a veces, pero con frecuencia no.

Marcas particulares: Las del corazón.

¿Pacifista o guerrillera?' Pacigu. Pacifista/guerrillera según el momento.

¿Sexo? ¿El mío, o si lo he hecho alguna vez?

Septiembre es un mes que me gusta mucho, a pesar de que vuelve a empezar el colegio y las vacaciones se acaban. Todavía puedo ir vestida con ropa ligera, como a mí me gusta. El verano es estupendo El mar, la playa, remover la arena con los pies trazando círculos, ¡y haciendo enfadar al encargado de los baños, que debe aplanarla por la noche para que a la mañana siguiente esté impecable! Las sombrillas me parecen, en cambio, inútiles, ya que nunca estoy debajo. La toalla grande con dibujos de animales que siempre tengo llena de arena; jamás he podido entender por qué las de los demás están más limpias que la mía. El verano es mi estación favorita. También septiembre es precioso, aunque sería mejor si no hubiese colegio, que fuese el último mes de vacaciones, pero entero. Me han dicho que en la universidad se empieza en octubre. ¿Ves?, ellos sí que saben.

Acabo de comprar mi nueva agenda. La estreno con pocas ganas de escribir. Sí, porque la verdad es que me gusta más enviar sms y mails y, cómo no, hablar por el Messenger. Pero claro, es necesario tener una agenda de papel para el colegio, así también puedes guardar las dedicatorias de las amigas (¡sobre todo eso!), de manera que la he comprado. Una fantástica Comix, como no podía ser de otro modo, ¡al menos de vez en cuando me río un poco!

Entramos a las ocho, y eso es ya de por sí dramático. Desde el principio resulta todo muy interesante: la de tecnología nos ha pedido que hagamos un paralelepípedo con una cartulina negra y que compremos un cuaderno de dibujo con hojas cuadriculadas.

 Traed también tres cuadrados de cartón de quince centímetros de lado, unas tijeras, pegamento y lápices HB -nos ha dicho después.

Pero bueno, ¿qué se cree que soy? ¿Una papelería? ¡Me importan un comino los paralelepípedos! ¡Ya sé cómo son! ¡Mi móvil es un paralelepípedo!

Acaba la hora y, sin darnos tiempo a respirar, entra el profesor de inglés. En una mano lleva el habitual maletín destrozado y, en la otra, un lector de CD. Nos miramos estupefactos. Nos escruta desde detrás de sus gafitas de culo de botella.

 Mañana debéis traer una agenda con índice para anotar el vocabulario nuevo de fa canción que vamos a escuchar. Obviamente quiero que traigáis también los deberes de las vacaciones y dos cuadernos. ¡Repasadlo todo!

¿Cómo que todo? ¡Pero si acabamos de empezar! Tengo la impresión de que este año las cosas van a ir mal. Alis me pide la agenda. Se la paso. Veo que garabatea algo en la página correspondiente al 18 de septiembre. Pasada media hora, me la devuelve. Leo: «Palabreando. Arreglárselas: reparar el Range Rover de papá. Bovino: rumiante gordo aficionado al vino. Cósmico: cómico espacial.» Dejo de leer. La miro. Se está tronchando de risa. No sé qué decir.

Leone, el profesor de italiano, termina el inventario.

 Para mañana escribid en el cuaderno cuáles eran las necesidades de vuestros padres cuando eran pequeños.

Pero ¿qué es esto? ¿Las necesidades de cuando eran pequeños? ¿Las necesidades necesidades? Todos se ríen. Cómo no. ¿Os habéis puesto de acuerdo? ¿Y además tres materias para mañana? Es obvio que tendré que apresurarme para poder salir con Alis y Clod. Nos mirarnos.

 Nos vemos a las dos y media, habrá que hacerlo todo en hora y media.

En efecto, después nos espera la consabida visita a Cióccolati. Septiembre me gusta además porque puedes recordar el verano que acabas de dejar atrás. ¡Y menudo verano! El verano en que he besado por primera vez. Vale, no es un título original, estoy de acuerdo, pero las cosas sólo son extraordinarias en la vida de la persona a las que les suceden. Y, en cualquier caso, ésta os la quiero contar como sea; mejor dicho, todavía recuerdo cómo se la conté a mis dos amigas íntimas: Clod y Alis.

Clod es una chica fantástica. Se come todo lo que le ponen por delante, te roba incluso la merienda si no estás atenta, pero en dibujo es un hacha y por eso se lo perdonas todo. De hecho, pasa los deberes a media clase y se aprovecha de esa circunstancia para hacerse con las meriendas que más le gustan. La mía, pan con aceite y Nutella, es sin lugar a dudas la más apetecible y la que, por tanto, desaparece en primer lugar. Alis, en cambio, es una especie de princesa: es alta, delgada, guapísima, elegante, con un no sé qué de aristocrático que parece diferenciaría de las demás, pero luego, de repente, sabe ser tan divertida que cualquier duda sobre ella queda despejada. Aunque a veces es de un pérfido

En cualquier caso, estamos a la entrada del colegio, a principios de septiembre, acabamos de volver de las vacaciones y es el primer día de clase.

 ¡Yujuuu! -grito como una loca.

 ¿Por qué estás tan contenta?

Llego morena como nunca, con el pelo tan rubio que casi parezco sueca, una de esas cantantes que surgen de repente con la melena larga casi blanca, los vaqueros rigurosamente desgarrados, los pies descalzos, la guitarra en las manos y la mirada lánguida. Bueno, yo era poco más o menos así, exceptuando la guitarra y los pies descalzos Dios mío, durante un tiempo probé también a tocar la guitarra, pero ¿sabéis esas cosas que heredas de tus hermanos y que pruebas a hacer bien por ti misma y al final te rindes porque entiendes que no estás hecha para eso? La guitarra en cuestión era de mi hermano; ahora Rusty James se ha agenciado una nueva, y él sí que la toca de maravilla. Yo, en cambio, he probado un millón de veces. He comprado partituras y todo lo demás, y si bien en la escuela de música no me iba mal del todo -es decir, había comprendido a la perfección dónde se ponían las notas, cuáles iban entre los espacios del pentagrama y cuáles sobre las líneas-, cuando después intentaba trasladarlo todo al instrumento, al principio la cosa funcionaba, pero luego tardaba tanto en encontrar la nota sobre la cuerda de la guitarra que al tocarla me olvidaba del sonido precedente, y mientras buscaba el primero y el segundo llegaba mi madre y gritaba: «¡La mesa está puesta!» ¡No sé por qué, pero el caso es que mis ejercicios de guitarra coincidían siempre con la hora de cenar! Bueno, la verdad es que creo que todos estamos dotados para algo y que muchas veces lo comprendemos demasiado tarde. Aunque también es cierto que, como dice nuestro profe Leone, nunca es demasiado tarde para nada. Y yo creo que he encontrado mi pasión y que, en cualquier caso, si es ésa, he necesitado catorce años para hallarla, es decir, el tiempo necesario para entender algo con profundidad, mirar alrededor y poder elegir. No hay nada más bonito que una elección. Y yo he elegido.

 ¡Holaaa!

Me abalanzo sobre Clod y acto seguido sobre Alis, ¡y mi exceso de felicidad casi nos hace rodar por el suelo a las tres!

 ¡Qué locura, qué locura! -Empiezo a brincar alrededor de mis amigas agitando los brazos de manera extraña-. ¡Soy un raro ejemplar de pulpo!

Y me meto entre ellas moviendo lentamente los brazos y las piernas, me insinúo, me transformo en una odalisca y después en una jirafa, y a continuación en otro raro ser capaz de cabecear de esa manera. Mientras tanto, ellas permanecen allí plantadas mirándome asombradas. Alis es genial. He de decir que es la que tiene más dinero de la escuela, o al menos eso es lo que asegura Brandi, la radio macuto del Farnesina, que es mi colegio. Y debe de ser verdad, dada la casa tan espectacular que tiene. Recuerda una de esas que salen en los anuncios. Un lugar donde todo funciona, donde todo está impoluto, donde las paredes son perfectas donde apenas tocas un interruptor se encienden las luces, bajan y suben, donde todos los muebles son oscuros, brillantes y negros, y el televisor es uno de esos planos que se cuelgan de la pared y se encienden nada más rozarlos, y también la música es perfecta y las alfombras son bonitas y los cristales están siempre como los chorros del oro. Pues bien, su casa está en la via XXIV Maggio y da a unas antiguas ruinas romanas, las del gran imperio que nos toca estudiar. Y ella nos invita a su casa para que podamos contemplarlas directamente desde la ventana y nos toma el pelo, señalándolas con un puntero.

 Ésa es la roca Tarpea Ése es el Arco de Constantino, eso otro, lo que está al fondo

 El Coliseo -respondemos al unísono Clod y yo- Es lo único sobre lo que no podemos equivocarnos.

En cualquier caso, Alis abre el bolso y extrae un Nokia N95, el último que ha salido al mercado, y me saca una fotografía.

 ¡Esto lo quiero recordar, Caro!

 ¡En ese caso, grábame mientras sigo con el bailecito!

Alis no se hace de rogar y empieza a grabarme con su teléfono, que es mejor que todas las cámaras del mundo juntas. Y mientras bailo delante de ella, comienzo a agitarme como una loca, muevo las manos, mejor que Eminem y 50 Cent., abro los dedos y rapeo que da gusto.

 «Y yo lo beso, y sí que lo besé en una noche de luna llena con un deseo ardiente de él y, sobre todo, de su culo.»

Alis y Clod se ríen como locas. Alis sigue grabándome mientras Clod baila siguiendo el ritmo y yo continúo con mi canción.

 «Y qué beso largo e irresistible, en la barca, con el salvavidas»

Sin embargo, se interrumpen de repente y se quedan boquiabiertas como si sólo en ese momento se hubiesen dado cuenta de que, por fin, he dado el gran salto. Pero yo no me detengo.

 «Sí, lo he lamido por todas partos, Le he mordido los labios e incluso lo he chupado un poco.»

Sin embargo, de repente me percato de que su sorpresa se debe a otra cosa. En efecto, el profe Leone está detrás de mí. De manera que yo también me quedo boquiabierta y me imagino en un instante todo lo que puede haber oído. Me sonríe.

 Ha sido un bonito verano, ¿verdad, Carolina? Te veo muy morena y, sobre todo, muy contenta.

 Sí, profe.

 Sólo que ahora empieza de nuevo el colegio y éste es el último año. Y el último año tenéis que esforzaros Pero tú ya lo sabes, Carolina, ¿verdad que sí?, siempre te he dicho que todo tiene su momento

 Claro, profe.

 Bien, pues, por ejemplo, ahora no podéis seguir aquí; tenéis que entrar en clase.

Alis vuelve a meter el móvil en su Prada último modelo. Clod se acomoda los pantalones y las tres nos dirigimos a nuestra fantástica aula, la III-B.

Aquí estoy, en mi nuevo pupitre junto a la ventana. El paisaje que puedo contemplar desde él no es, lo que se dice, gran cosa, ¡pero al menos entra luz! Alis y Clod están a mi lado. Por el momento. Porque en mi clase tenemos la manía de cambiar de sitio cada dos meses, echando a suertes los pupitres y las filas. Es una costumbre que los profes impusieron en primero para obligarnos a relacionarnos más. Y luego, cuando apenas empezábamos a conocernos, zas, te cambiaban otra vez de sitio. De todas formas, ahora las filas son de tres, menos mal; a veces incluso los bedeles se enteran de algo.

Último año de secundaria. Tengo un poco de miedo. ¿El examen? Bah. Lo que me asusta es, sobre todo, lo que viene después. Pero es fantástico pensar que el verano próximo seré libre, libre, ¡libre! ¡Sin deberes! Tres meses completos para hacer lo que me venga en gana. Dentro de un momento entrará el profe Leone. Nos preguntará si hemos leído los cinco libros que nos encargó antes de las vacaciones, si hemos hecho las redacciones, si hemos acabado el cuaderno de ejercicios. Y, además, como es habitual, fijará la fecha del examen que hace cada inicio de curso. Qué palo. Seguro que es mañana, de modo que esta noche también me tocará volver antes a casa para que mi madre no se cabree. Miro de nuevo por la ventana, querría estar posada sobre ese árbol, ahí delante. Observar a los que pasan por debajo, el tráfico, este colegio, mofándome de los que ahora están sentados aquí, en el aula. La ventana. Como la canción de Negramaro: «Si te llevas el mundo contigo, llévame también a mí.»

Mientras esperábamos al profe traté por todos los medios de robarle el móvil a Alis, pero no hubo nada que hacer. Ella me juró que había borrado el vídeo.

 Te lo juro, Caro, ¿por qué no me crees?

 Si es así, dámelo que lo compruebe.

 Pero ¿por qué no me crees, eh? Entre nosotras tiene que haber confianza.

 Y yo la tengo, pero esta vez me gustaría además que me dieses el móvil para poder comprobarlo, ¿vale?

 Está bien, en ese caso, te diré lo que pasa, ¿eh? No puedo dártelo porque tengo unos mensajes que no quiero que leas, ¿de acuerdo?

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