Hey Sche! Aumenta un poco, me estoy durmiendo.
Diez!
Step baja fácilmente. Su corta camiseta azul le cubre los brazos. Los musculos son anchos. En las venas su corazón suena potente, pero aun lento y tranquilo. No como entonces. Ese día su corazón joven había comenzado a batir veloz, como enloquecido.
Dos años atrás. Zona Fleming.
Una tarde cualquiera, si no fuera por su Vespa nueva ultimo modelo, rodando, todavía sin pintarla. Step la esta probando, pasa enfrente del Café Fleming cuando siente que lo llaman:
Stefano, Hola!
Annalisa, una linda rubia que conoció en el Piper, le viene de frente. Stefano se para.
Que haces por estas partes?
Nada, fui a estudiar a casa de un amigo y ahora regreso a casa.
En un segundo. Alguno a sus espaldas le quita la gorra.
Te doy diez segundos para que te vayas de aquí.
Un tal Poppy, un tipo grueso y mas grande que el, esta de frente. Tiene su gorra en las manos. Esta de moda esa gorra. En Villa Flaminia la tienen todos. A colores, hecha a mano, de las agujas de alguna chica. Aquel se lo había regalado su madre, tomando el puesto de esa chica que todavía no tiene.
No escuchaste? Vete.
Annalisa mira alrededor y, entendiendo, se aleja. Stefano baja de la Vespa. El grupo de amigos se le avecina. Se pasan la gorra riendo, hasta que termina en manos de Poppy.
Devuelvemelo!
Lo escucharon? Es un duro. Devuelvelo! lo imita haciendo reír a todos. Sino que harás, eh? Me darás una cachetada? Anda, dámela pues.
Poppy se avecina con las manos abajo, llevando la cabeza hacia atrás. Con la mano libre le indica su mentón.
Dale, golpeame aquí.
Stefano lo mira. Por la rabia no puede ver nada más. Trata de golpearlo, pero apenas mueve el brazo lo bloquean desde atrás. Poppy pasa por los aires la gorra a uno cercano y le da un puño en el ojo derecho lastimándole la ceja. Después ese bastardo que lo había bloqueado desde atrás lo empuja adelante, hacia las rejas del Café Fleming que, viendo lo sucedido, cerro antes de lo previsto. Stefano se lastima el pecho en contra de la acera, dándose un gran golpe. Le llega rápido una descarga de puños en la espalda, hasta que alguno lo gira. Se encuentra atontado en contra de la acera. Trata de cubrirse, pero no lo logra. Poppy le pone las manos detrás del cuello y aguantándolo a los tubos de hierro de la reja lo mantiene firme. Comienza a darle golpes. Stefano trata de pararse como puede, pero esas manos lo bloquean, no logra quitárselos de encima. Siente la sangre bajar por su nariz y una voz femenina que grita:
Basta, Basta, paren, así lo masacran!
Debe ser Annalisa, piensa. Stefano trata de patear, pero las piernas no logran moverse. Siente solo el sonido de los golpes. Ya no le hacen tanto mal. Después llegan los adultos, algunos pasantes, la propietaria del bar. Vayanse ya, larguense Alejan a esos muchachos tirandolos por las camisetas, por las chaquetas, quitándoselos de encima. Stefano se echa lentamente, apoya la espalda en la acera, termina sentado en un escalón. Su Vespa esta allí enfrente, en el suelo como el. Quizás la parte lateral se rayo. Pecado! Estaba siempre pendiente cuando salía del portón de no rayarla.
Estas mal, muchacho? Una bella señora se acerca a su cara. Stefano hace señal de no con la cabeza. La gorra de si madre esta ahí en la tierra. Annalisa se largo con los otros. Mama, sin embargo, tu gorra todavía la tengo.
Toma, Bebe. Alguno llega con un vaso de agua. Tomalo lentamente. Que desgraciados, gentuza de la calle, pero yo se quienes fueron, siempre son los mismos. Esos ociosos que se sientan todos los días aquí al bar
Stefano bebe el último trago, agradece sonriendo un señor que esta cerca y agarra el vaso vacio. Desconocidos. Trata de alzarse, pero las piernas por un momento parecen ceder. Alguno se da cuenta y se lanza rápido a socorrerlo.
Muchacho, estas seguro de sentirte bien?
Estoy bien, gracias. De verdad.
Stefano se limpia los pantalones. El polvo se va de las piernas. Se limpia la nariz con el suéter ahora arrugado y respira profundamente. Se pone la gorra de nuevo y enciende la Vespa. Un humo blanco y denso sale con gran ruido del tubo de escape. Esta golpeada. La parte lateral derecha vibra más de lo normal. Esta rayada. Después mete primera y mientras los últimos señores se alejan suelta lentamente la fricción. Sin voltearse sale por la bajada.
Recuerdos.
Un poco mas tarde en casa. Stefano abre lento la puerta y trata de llegar a su cuarto sin hacerse sentir, pasando por la sala. Pero el piso es traidor: chilla.
Eres tu, Stefano?
La sombra de su mama aparece en la puerta del estudio.
Si mama, voy a la cama.
La madre avanza un poco. Estas seguro de sentirte bien?
Si mama, estoy muy bien.
Stefano trata de llegar al corredor pero la mama es mas veloz que el. El interruptor de la sala se mueve, iluminándola. Stefano se para, como inmortalizado en una fotografía.
Dios mío! Giorgio, rápido, ven acá! El padre se apura, mientras la mano de la madre se acerca temerosa al ojo de Stefano.
Que te ha pasado?
Nada, me caí de la Vespa. Stefano se aleja Ay!, Mama me duele
El padre mira las otras heridas en los brazos, la ropa arrugada, el cabello sucio.
Di la verdad, te han golpeado?
Su padre siempre ha sido un tipo atento a los detalles. Stefano cuenta más o menos como han sido las cosas y naturalmente la madre, sin entender que a los dieciséis años pueden ya estar ciertas reglas: Pero porque no le has dado la gorra? Te hubiera hecho otra
Mientras el padre abandona los detalles para ir a algo aun más serio: Stefano, di la verdad, la política no tiene nada que ver, verdad?
Fue llamado el medico de la familia, el cual le ha dado la clásica aspirina y lo mando a dormir. Antes de quedarse dormido, Stefano decide que ninguno le pondrá más las manos encima. Nunca más sin salir bien lastimado.
En el escritorio de la secretaria esta una mujer con los cabellos rojos, la nariz un poco larga y los ojos sobresalientes. No es una belleza.
Hola, te vas a inscribir?
Si.
Bueno, si te puedes poner cómodo. Dice girando los ojos mientras toma una tarjeta debajo en las gavetas. No es para nada simpática.
Nombre?
Stefano Mancini.
Edad?
Diecisiete, el 21 de Julio.
Direccion?
Francesco Benziacci, numero 39 después añade 3.2.9.27.14 prediciendo así la pregunta que seguía. La mujer alza la cara.
El teléfono, no? Solo para la tarjeta
No seria para ir a jugar videopoker.
Los ojos sobresalientes lo ven por un segundo, después terminan por llenar la tarjeta.
Son ciento cuarenta y cinco euros, cien para la inscripción y cuarenta y cinco cada mes
Stefano pone el dinero en el escritorio.
La mujer los mete en una bolsa con cierre que pone en la primera gaveta, después de haber apoyado un sello en una almohadilla mojada de tinta le da un golpe preciso en la tarjeta. Budokan.
Se paga al inicio de cada mes. El vestidor esta en el piso de abajo. Cerramos en las noches a las nueve.
Stefano se guarda la billetera en el bolsillo, con la nueva tarjeta en el compartimiento latera y ciento cuarenta y cinco euros menos.
Toca, toca acá. Es hierro. Pero que digo, acero! Lucone, un tipo bajo y de cara simpática muestra unos bíceps gruesos pero poco definidos.
De que hablas todavía? Mira que si te doy un golpecito puedes desaparecer.
Pollo se da en la espalda, haciendo ruido. Esto si es verdadero sudor, fatiga, carne, esa que tienes tu es toda agua.
Pero si eres un niño, eres minúsculo.
Sin embargo, acabo de alzar ciento veinte! Cuanto coño haces tu?
Rapido. Pero que, estas bromeando? Alzo dos como si nada, ve como lo hago eh?
Lucone se pone debajo de la balanza. Alarga los brazos, alza el asta y la lleva arriba, firme. Baja lentamente y mirando la balanza a pocos centímetros del mentón, le da un empujón, esforzando los pectorales. Uno! Después siempre controlándolo, baja con la balanza, apoya en el pecho y la sube de nuevo. Dos! Y si quieres lo puedo hacer con mas peso.
Pollo no se hace repetir dos veces: En serio? Entonces prueba con esta.
Antes de que Lucone pueda poner la balanza en los sujetadores, mete una pequeña pieza lateral de dos kilos y medio, la balanza comienza a doblar hacia la derecha. Hey! Que coño haces? Eres tonto?
Lucone trata de mantenerlo, pero lentamente la balanza comienza a caer. Los musculos lo abandonan. La balanza le cae en el pecho, pesada.
Coño, quitamelo de encima, me esta ahogando.
Pollo ríe como un loco: Lo que quieras, puedo hacerlo hasta con dos piezas. Entonces? Te puse una nada mas y ya estas así? Estas de verdad destruido, eh?, vamos súbela, anda, súbela le grita casi en la cara. Subela pues! y mas risas.
Me lo puedes quitar de encima, dale! Lucone se ha vuelto completamente morado, un poco por la rabia, otro poco porque de verdad se esta sofocando.
Dos muchachos, mas pequeños, que estaban en una maquina cercana, se miran indecisos de que hacer. Viendo que Lucone comienza a toser y que haciendo esfuerzos bestiales no logra quitarse esa balanza de encima, deciden ayudarlo.
Pollo esta echado en la tierra, boca abajo. Ríe como un loco, golpeando las manos en la madera del suelo. En un momento se gira de nuevo hacia Lucone con las lagrimas en los ojos, pero lo ve ahí, de pie enfrente a el. Los dos muchachos lo liberaron.
Oh! Como coño lo lograste?
Pollo se da rápido a la fuga, aun riendo y tropezando sobre una balanza. Lucone, tosiendo, lo persigue.
Parate, te golpeare, te masacrare. Te daré un puño en la cabeza y te haré ser mas enano de lo que eres.
Si persiguen furiosamente por todo el gimnasio. Girando alrededor de las maquinas, parándose detrás de columnas, volviendo a correr repentinamente. Pollo, en el intento de parar al amigo, le lanza encima algunas pesas. Esas piezas de goma caen al suelo pesadas, esquivadas por Lucone, que no se para por nada. Pollo va a las escaleras que dan hacia el vestidor femenino. Corriendo choca con una chica y termina contra la puerta, abriéndola. Todo el resto, desnudas, que se están cambiando para la lección de aeróbica, inician a gritar como locas. Lucone se para en los últimos escalones, extasiado de aquel panorama de suaves colinas, humanas y rosadas. Rápidamente Pollo mira hacia atrás
Coño, no lo creo, esto es el paraíso
Vayanse al infierno!
Una chica ligeramente mas cubierta que las otras va hacia la puerta cerrándola en su cara. Los dos amigos se mantienen un momento en silencio.
Viste la del fondo a la derecha, los senos que tenia?
La primera a la derecha el culo de ella lo pasas por alto?
Pollo agarrar al amigo bajo su brazo, moviendo la cabeza. Cosas increíbles, eh?, Claro que no lo paso por alto, no soy homosexual como tu.
Así, después de esa breve pausa erótica, regresan a perseguirse.
Stefano abre la hoja de su tarjeta, se la dio Francesco, el instructor del gimnasio.
Comienza con cuatro series de apertura, en aquel banco. Agarra los pesos de cinco kilos, te debes alargar y abrir un poco, muchacho. Primero ten una base gruesa, después podrás construir encima. Stefano no se lo hace repetir.
Se extiende en la banca arqueada y comienza. Los hombros le duelen, ese peso parece enorme. Hace de los ejercicios laterales, baja a tocar la tierra y de nuevo arriba. Después detrás de la cabeza. De nuevo. Cuatro series de diez, cada día, cada semana. Después de las primeras semanas, ya esta mejor, los hombros no le duelen tanto, los brazos han ligeramente crecido. Comienza a crecerle el pecho, hasta las piernas se han reforzado. Cambia alimentación. En la mañana una merengada con proteínas en polvo, un huevo, leche, hígado de merluza. En el almuerzo poca pasta, un bistec en sangre, levadura de cerveza y granos. Las noches en el gimnasio. Siempre. Alternando los ejercicios, trabajando un día la parte de arriba y otro día la de abajo. Los musculos parecen enloquecer. Reposan, como buenos cristianos, solo el domingo. El lunes se comienza de nuevo. Cualquier kilo de mas, semana a semana, paso a paso, por esto lo apodaron Step. Se volvió amigo de Pollo, Lucone y todo el resto del gimnasio.
Un día, pasados dos meses, llega el Siciliano.
Quien quiere hacer flexiones conmigo?
El Siciliano es uno de los primeros socios del Budokan. Es grueso y potente, nadie quiere competir con el.
Coño, nunca los invite a tener una pelea, solo he dicho para hacer flexiones.
Pollo y Lucone continúan a entrenarse en silencio.
Con el Siciliano siempre terminas en pelea. Si pierdes te molesta hasta el infinito, si ganas, bueno, no se sabe que podría suceder. Nunca ha sucedido que alguien le haya ganado al Siciliano.
Entonces, no hay nadie en este gimnasio de mierda que quiera hacer alguna flexión conmigo?
El Siciliano mira alrededor.
Estoy yo.
Se voltea. Step esta frente a el, el Siciliano lo mira de la cabeza a los pies.
Ok. Vayamos para allá.
Entran en un pequeño cuarto. El Siciliano se quita la guardacamisa enseñando pectorales enormes y brazos bien proporcionados.
Entonces, estas listo?
Cuando quieras.
El Siciliano se echa al suelo. Step de frente a el. Comienzan a hacer flexiones. Step resiste lo mas que puede. Al final, destruido, cae a tierra. El Siciliano hace otras cinco veloces, después se alza y le da una palmada a Step.
Bravo, Muchacho, no estas mal. Las ultimas las hiciste todas con esta. Y le da amigablemente un consejo. Step sonríe, no logro ganarle. Todos regresan a sus ejercicios. Step se masajea los músculos dolorosos de los brazos. Algo es seguro: El Siciliano es mucho mas fuerte que el, todavía es muy temprano.
Aquel día. Solo ocho meses después.
Poppy y sus amigos están enfrente del Café Fleming, ríen y bromean bebiendo cerveza. Alguno come la pizza roja, todavía humeante, lamiendo los ángulos laterales para parar el tomate que gotea. Algún otro fuma un cigarrillo. Algunas muchachas escuchan divertidas el cuento de un tipo que hace muchos gestos, hablando acerca de su tema principal: fue despedido, pero finalmente tuvo una satisfacción. Rompió todas las botellas del local, la primera en forma particular.